Claro que hay gente que lo hace mejor que yo, claro, pero por qué no aventurarme a contarles un poco de mi último fin de semana en capital. (cómo si pasara muchos fines de semana fuera de ella, nah, para nada) últimamente soy una persona de cabotaje, en todo sentido. Me encontré con un disco de The Stone Roses, y de repente son el eslabón fundamental para escuchar todo lo que vino después; puede ser. Sin embargo disfruto más del deseo de que este Cd que encontré
sea efectivamente ese link y esa obra fundamental de la cual todos quieren jactarse de haberla descubierto oportunamente, que entrar en la verdadera disquisición de si realmente lo
es. Tu sais, il y a un truc..... Claro los modos subjuntivos o indicativos a veces tienen mucho más que ver con nosotros, con nuestros estados y deseos, mucho más de lo que uno quisiera. ¿Por qué será tan común confundir el condicional con el subjuntivo? ¿Por qué será que a pesar de darnos tanta rabia escucharlo, siempre nos tragamos esa corrección? Por complejo de esnobismo, muy probablemente.
El viernes arrancó con buenos augurios cantando un tema que me salió mejor de lo que venía saliendo, parece que finalmente mi frustrado sueño de ser cantante a lo bowie puede que algún día se de. Y siguió en lo de mi primo en uno de esos departamentos del barrio norte, en una de esas calles que, sinceramente, no puedo distinguir una de otra. No me pierdo en Parque Chas pero si en Barrio Norte; French, Berutti, Sacalabrini Ortiz, Pacheco de Melo, ni idea. En Pacheco de Melo vivía una chica de la facultad que era muy fea pero que no se por qué ella consideró que yo podía ser su novio. Ella era muy rara, muy, tengo todavía una foto que me mandó una vez como una especie de
token de nuestra relación en la que está igual a un
raccoon (mapache) producto de exceso de iluminador en los ojos. Se encaraba a los de la prefectura que le querían llevar el auto y los invitaba a salir, no se. Ella y otra más fueron mis novias de facultad, las dos bastante gordas y bastante feas, y las dos terminaron invitándome a sus departamentos en Barrio Norte con una soltura y unas ganas de coger tan manifiestas que me daban ganas de llamar a mi mamá. Lo que allí me sonaba patético hoy es casi mi modus vivendi.
Empieza la noche del viernes enotnces (retoma) en reunión familiar con mi tía sugiriendo que no se qué ex-novio de no se qué modelo o ex modelo, "la mira con cariño". Y acá hago una salvedad: hay expresiones que uno puede manejar con la galantería que a uno lo caracteriza, expresiones facilmente evadibles por la cintura que nos da la diplomacia, (siempre de cabotaje no te olvides), que fuimos adquiriendo. Pero hay otras sentencias que son sencillamente insuperables, irremontables por hasta el más voluntarioso (adjetivo que me encaja perfectamente). Soy un chico voluntarioso, no me cabe duda, he tenido la firme voluntad de seguir adelante cuando nadie lo esperaba, de ir a buscarlo incansablemente cuando era literalmente un imposible, de sentarme, desubicado y observado, a tomar cuantas copas de vino hicieran falta en cualquier barra de caulquier bar, para poder verlo y que todo parezca una débil casualidad, un segundo, un instante, sólo para que una mirada me confirmara que, al menos todavía, me seguía reconociendo como quien fui durante aquel instante en el que él me abrió la reja de ese jardín en el que algunos tienen permitido jugar, ¡qué injusticia!. Luego la llave caería por una boca de tormenta. En la calle Austria. Terrible. Y está claro que únicamente cuando los requisitos intrínsecos de la autonomía de mi voluntad están viciados en tal medida, ella puede llegar a ser tan enérgica y enceguecedora. --solo para sentirme un gran boludo, y llegar a ese bajo fondo (oh! qué gusto) para sentir que realmente cumplo con mi deber de enamorado--.
Claro que al que mayor incoveniencia le causa un comentario así (retoma) es a mi viejo quien se apura con un escueto no-no, y un cambio brusco de tema, "¡todos a estribor!" se escucha en un tono de voz desesperado. Si claro, soy cero cool, ya lo saben, y parte de ser cero cool es ser cero ducho manejando un momento de este tipo. Finalmente me retiro de la reunión familiar. (un tanto enojado por que siempre me cagan en mis mejores momentos, justo cuando estoy sociable) Con destino incierto, vuelvo a la circularidad del Barrio Norte. A los cines y las heladerías, y los shopping que son gimnasios y los bares que son viernes.
El sábado se presenta con una invitación de Andy. Me invita al cumpleaños de un amigo de su novia gay (el amigo). Y yo le digo que voy por que hay gays, por que sino hay gays me aburro, por que estoy muy enghuetizado y no de david guetta sino de ghetto. Claro que el detalle final hace que el programa pierda en interés real pero gane en el de tipo mediático. El evento se llevará a cabo en un bar-restó temático del corazón de la capital federal. A lo que yo respondo, "no podés ser gay y festejar tu cumpleaños en Locos por el fútbol", y Andy, con mucho tino, retruca: "no podés festejar tu cumpleaños en Locos por el fútbol. Punto". El sitio es esperable, muchos televisores, muchas camisas a rayas (que no va a ser este el último lugar de la noche en dónde me apabullen las rayas) camareros vestidos de jugadores de hokey, animadores al estilo kermese. Que se yo, una pareja atrás nuestro que ni se hablan en toda la noche, otra más adelante en la cual el flaco es un metrosexual de barrio, y se empeña en bailar cualquier tema con su estilo salsero, sacando culo casi al punto de que le exploten sus pantalones, mientras que la minita media regordeta no pega una con los pasos de salsa. Y el flaco con su gel, su dry fit y su certeza de que es lindo gana el concurso de baile mientras la mina sigue sin poder engancharle el ritmo a ningún tema. Y yo que me pongo pesado y le pido a Andy que empiece a llamar a bloggers, y Andy lo hace, pero estamos muy lejos. Por suerte está la roomate de Londres con quien me da mucho placer charlar sobre su capacidad de, a pesar de su corta estancia, identificar que el diario Clarín está mal escrito y mal diagramado. Y es ahí que junto ganas para concretar mi mínimo proyecto de coleccionar todos los titulares principales de Clarín día por día, y dárselos a leer a alguien todos juntos; así al menos le robaré una sonrisa. Este ejercicio es altamente recomendable, puede hacerlo usted mismo y solo necesita pasar una vez al día por algún kiosko de revistas para esbozar una sonrisa (olvídese de la Barcelona, el Clarín es tanto más facil de visualizar, incluso desde varios metros de distancia).
Y volvemos para Palermo y yo trato de hacer de guía pero soy un fracaso, no se donde queda Bulnes Class, no se donde queda Chueca, solo sé donde queda Glam, pero llegamos hasta la puerta y a las minas le pretenden cobrar un precio diferencial que no lo vale, asi que nos vamos. Me interesó el cambio de modalidad de cobro de entrada en Glam. En este blog he comentado que el sistema muy Sitges de dar una tarjetita para canjear y luego entregar a la salida yo lo creía copiado de algún veraneo ochentoso en Florianópolis de aguno de los empresarios de la noche gay que marcan tendencias
(trend-setters). Sin embargo nuestro intento de entrar me demostró que, seguramente ante los malos momentos que les habrán hecho pasar borrachos que pretendían salir del boliche sin tarjetita y sin dinero tampoco, han optado por el más antipático "primero pague y después vea".
Glam era un
no, asi que terminamos en otro reducto de la querida calle Cabrera (¿conoce la calle Cabré? le preguntó un amigo despistado a unos obreros de aguas argentinas una noche. Les alegramos la noche a los obreros) El nombre no me lo acuerdo aunque me sigue sonando
Verdad Consecuencia como única referencia mental, pero no es. Debo confesar que fuimos a dar con algo difícil de encontrar, sin aventurarse al primer cordón. Este era una especie de bar, boliche y terracita que estaba lleno de tortas, que pedías una cerveza y el barman
asumía que querías una de litro para andar con ella en la mano por todos lados, que pasaban temas de Attaque 77 y en el que toda la gente sudaba mucho. Era muy loco, yo lo definiría como una fiesta de egresados gay, o una fiesta de 15 gay. Les aseguro que era raro, por que parecía un rejunte de todo lo que el ambiente gay, en su afán por tener un mínimo de clase, se ha empeñado en escaparle. Techos de paja, ventanas empañadas. Me viene a la mente un quincho de hace unos años llamado Ribera Este. Terrible. Un patiecito que safaba pero que la cagaba la gorda que cada tanto venía a pedir que hablemos en voz baja por que sino los vecinos le hacían quilombo. Y claro que ningún chico interesante. O algunos que te hacen mirar dos veces pero que invitablemente terminás negando
(nodding) con la cabeza reconociendo tu por momentos inagotable fuerza de voluntad.
Las salidas intempestivas y solitarias son sin dudas lo mío asi que el
exit fue rápido, mutis. Y entonces Glam se presentaba como la opción desquite. Ya en plena luz del día, volví a subir esos tres escaloncitos, a pasar por ese detector de metales (!!!!???) y a ignorar al nabo. Un grupito de chicos que parecían haber caído medio de casualidad viendome tan serio y suponiendome conocedor, me preguntan: "¿Habrá joda todavía?". No respondo más que levantando un poco los hombros y enseguida pago y entro. Me reía solo mientras descorría la pesada cortina de pana y veía ese enjambre de brazos y espaldas que desconocía totalmente al día que asomaba y echaba por tierra con orgullo a la preocupación de mis interrogadores de la puerta. Un poco de alegría me invadió al pensar que aca siempre hay joda, que aca siempre están a full loco. Que aunque todo se vaya a la mierda, aca en Glam, dos días a la semana, el mundo siempre será una algarabía, y eso aunque cueste creerlo, puede ser muy reconfortante. Me pedí un Fede de Alvear (ahora sin ningún Federico a quien dedicárselo como antes) que me lo dan caliente asi que tengo que explicarle al barman en cuero con mamas desarrolladas que el champagne en vaso de trago largo va con hielo. Miré un poco, caminé otro tanto, guardé fotos que luego comprobarían mis imágenes imaginadas. Acá es donde se repiten las rayas. Mucha camisa a raya. Horizontal, vertical, fina, gruesa, y de todos colores. Aflojen con las rayas. Sentado me parece verlo al principe Harry a propósito de su visita para jugar el abierto de Palermo, no pero no es. Me mira uno con el que estuve en este mismo boliche hace un tiempo, y lo miro diciendole "buscate a uno nuevo che, no repitas". Apostillas que hacen al folklore.
Domingo, corto, teatro o
"teatro" con Tortonese, sin Urdapilleta, y por supuesto sin Batato. Y sin poemas decorados, y sin carne de chancha y definitivamente sin tanta felicidad, pero sí con disfrute. Y nada más.
Durante mucho tiempo fue algo así como mi pieza de teatro clásico de cabecera, y amaba interpretarla en cuanta oportunidad tuviera. Varias grupos de teatro fueron testigos de mi afán por decir ese texto de una manera muy sufrida, un tanto exagerada. Algunos espectadores habrán pensado "mirá como sufre". Muy a lo Alfredo Alcón. Es un monólogo de Doña Rosita La Soltera que me gustaba hacerlo mío.
Aquel que dice algo así como: "...Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casas nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, igual..."
Cuando lo hacía, siempre sentía muy dentro mío que salía desde un lugar de fatalismo exacerbado por lo que creía, no podía dejar de esperar del futuro. Una especie de búsqueda forzosa por el sufrimiento futuro, fatal e insoslayable, al que me suscribí durante varios años.
Claro que también coincidía entonces con una idea muy simplista mía de ver el mundo. Aquella por la cual me creía inmune aún de los avatares que me esperarían al momento de reconcerme homosexual, solo por el hecho de que la adolescencia, según creía, me otorgaba un plazo de gracia hasta que las exigencias, compromisos y deberes patriarcales que rodeaban las expectativas que yo mismo esperaba fueran esperadas, se tornaran impostergables.
Claro que luego todo fue decantando en cosas mucho mas tangibles. Y la identidad va haciendo caer por su propio peso a los miedos y preconceptos. Suena obvio pero es maravilloso cuando estaos caen, por que, como decían algunos en la jerga del rugby, cuanto más pesados más duro caen. Y entonces cuando ya crees que ni siquiera podés decirlo entero sin olvidarte la letra, finalmente sucede lo que durante aquel tiempo te aterraba. Y hoy se casa un amigo, y otro. Y a mi me resbala.
Ok ahora nadie me cree que me dicen que me parezco a Collin Farrel, que carajo me importa, me dejan mensajes que no comprendo en caracter de qué, leo cosas que me sorprenden y me hacen pensar que una vez más hasta el más tirado la hace mejor que yo. Bueno me creerían si les digo que me parezco a Elisa Carrió entonces, sí sé diagnosticar mis problemas de maravilla, sin embargo no sé resolverlos. Y en el fondo tampoco me importa tanto. Eso es lo terrible, me chupa un huevo resolver mis problemas, muchas veces sufro por cosas pero no estoy dispuesto a hacer nada al respecto. Que me importa. Me dan envidia, todos, los envidio a todos. Los amo a todos, me enamoro de todos y cada uno de ustedes, pero no estoy dispuesto a hacer nada para amarlos de verdad, o que me amen. Nada, solo me quedo con la idea de que me enamoré de ustedes, eso me basta.